Psicología de la juventud



Jóvenes del MJD Haiti

Debido a la dificultad que entraña el hecho de abordar un tema tan general, en la que los diferentes aspectos culturales y sociales juegan un papel primordial, es necesario definir que estamos enfocando este tema desde el punto de vista del desarrollo europeo actual, si bien, al estar basado en generalidades sin duda tiene validez para todos los países, de modo que vamos a abordar desde el prisma de la psicología, la vida de la juventud de nuestros días.


¿Qué es ser joven?

Si tuviéramos que dar una definición general de juventud podríamos quedarnos con la siguiente:

La juventud es el período de vida que normalmente toma lugar entre la niñez y la adultez. De acuerdo a lo establecido por los organismos de las Naciones Unidas, a la hora de determinar exactamente el lapso de años en los que acontece la juventud, podríamos decir que ésta ocurre entre los 15 y los 25 años, siendo por lo tanto una de las etapas más importantes de la vida al definir intrínsecamente a la persona, sus intereses, sus proyectos y sus relaciones con el mundo que la rodea. La juventud no solo es un proceso biológico, sino psicológico, social y cultural, es decir, es en gran parte una construcción social; dependiendo de la época histórica y de la sociedad en la cual nos encontramos, se considerará joven a personas de diversas edades. Por este motivo es necesario ubicar a los jóvenes en la sociedad en la que viven.

Hay un cierto consenso al pensar que la juventud se inicia con la pubertad y, por lo tanto, la biología es quien la determina, no es menos cierto que no hay ningún acontecimiento biológico que marque su final, que queda marcado por la sociedad, ya que se considera cuando llega la independencia económica y la creación de un nuevo núcleo familiar (En nuestros días, y más hablando de jóvenes, hay que tener siempre presente la diversidad y la pluralidad).

Actualmente, consideramos jóvenes a las personas entre 15 y 30 años. El final de la juventud se ha ido alargando en los últimos tiempos, desde los 25 años, a los 30, llegando a los 35 años si ponemos el acento en aspectos socioeconómicos de la condición juvenil, como el acceso a la vivienda.

Vemos pues, el dinamismo de la juventud y cómo el concepto evoluciona y cambia al tiempo y la sociedad del momento marcando una horquilla de edades que son válidas para una sociedad y un momento concreto.


Viviendo la juventud en sociedad

Me gustaría introducir este punto a través de un pequeño poema de Mario Benedetti, en el que nos presenta algunos retos que como jóvenes de nuestro tiempo tenemos que afrontar:

¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco? ¿Sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo? también les queda no decir amén no dejar que les maten el amor recuperar el habla y la utopía ser jóvenes sin prisa y con memoria situarse en una historia que es la suya no convertirse en viejos prematuros

¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de rutina y ruina? ¿Cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas? les queda respirar / abrir los ojos descubrir las raíces del horror inventar paz así sea a ponchazos entenderse con la naturaleza y con la lluvia y los relámpagos y con el sentimiento y con la muerte esa loca de atar y desatar

¿qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de consumo y humo? ¿Vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas? también les queda discutir con Dios tanto si existe como si no existe tender manos que ayudan

abrir puertas entre el corazón propio y el ajeno sobre todo les queda hacer futuro a pesar de los ruines de pasado y los sabios granujas del presente.


Es indudable, ante este texto, no percibir un cierto desasosiego, y es que ciertamente es en este periodo de juventud, donde nuestras elecciones, nuestras inquietudes e intereses marcan lo que será en un futuro nuestra opción de vida.


Pero en una sociedad como la nuestra[1] , en la que se mide la importancia del tener antes que la del ser, donde la inmediatez (tenemos la oportunidad de acceder a aquello que queramos en muchas ocasiones con un simple click) es más importante que trabajar y luchar por conseguir cumplir con un objetivo, y en la que los nuevos medios de “comunicación” están alejándonos (sólo hace falta ver algunas reuniones de jóvenes amigos en las que, aunque están todos juntos alrededor de una mesa, están pendientes de lo que ocurre en las redes sociales, o el whatsapp sin dar importancia y cuidado a las personas que en ese preciso momento tienen delante).


¿Y cuáles son los valores en los que se sustentan las acciones de la sociedad? Sin duda, como he comentado brevemente antes, en el tener. Es necesario poseer incluso a las personas que son importantes en nuestra vida, y si, esto sí que es grave, porque al “cosificar” a las personas (tratas a las personas como si de una objeto se tratara) hace que cualquier actuación esté legitimada a la hora de conseguir que otra persona haga aquello que queremos con ella. Es decir no hay ningún tipo de problema ético a la hora de utilizar a las personas que nos rodean. Este punto es especialmente grave en las personas con las que más confianza se tienen, es decir las familias.


De lo que no hay duda es que en la sociedad actual cada vez se tiene menos tolerancia hacia aquello que no queremos, y eso traducido a las relaciones personales fomenta diferentes tipos de ruptura (tal y como lo vemos en familias desestructuradas, en relaciones de amistad que finalizan por cosas que en realidad no tienen importancia, relaciones amorosas que rompen por malentendidos y no se apuesta ni lucha por mantener y cuidar ese amor…), y es precisamente en este contexto en el que las palabras fidelidad y lealtad pierden todo su valor. Cualquier situación que nos moleste legitima una ruptura, y no somos fieles a esa lealtad que cualquier relación humana precisa.


En nuestra sociedad es patente también, tal y como plantea Benedetti, una pérdida de ilusión. El individualismo, la pérdida de confianza en los demás, el paradigma de la competición frente a la colaboración han contribuido a una visión más limitada de la “vida social” que como especie humana nos caracteriza.


Por otro lado, nos encontramos a personas que cada vez poseen mayor formación, técnicamente están mucho mejor posicionados para triunfar (entendiendo triunfar como conseguir un buen puesto de trabajo para poder obtener un nivel de vida que permita comodidades y por qué no decirlo, también algunos lujos), y frente a esta situación nos encontramos inmersos en una profunda crisis en la que estos jóvenes se encuentran sin poder acceder a los puestos que su preparación les permitiría debido a su falta de experiencia y que están sobrecualificados para algunos trabajos con los que podrían tener un inicio de vida adulta. Sin duda esta situación hace plantearse a los nuevos jóvenes si en realidad merece la pena prepararse (surgiendo de este modo la llamada generación Nini, ni estudian ni trabajan). Aparece la llamada frustración.


Como vemos esta situación genera lo que se conoce como “la pescadilla que se muerde la cola”, es decir, no es posible una motivación para que estos jóvenes se formen, y a la vez existe la imposibilidad de que tomen conciencia de que, para llegar a cumplir objetivos, hay que luchar por ellos, porque seamos realistas tener una generación por delante que te brinda toda su ayuda, como puede ser la generación de nuestros padres, quita muchas preocupaciones.


En todo este ambiente de desesperanza es necesario evadirse. En muchos casos a través de sustancias como el alcohol (las estadísticas en España nos muestran cada vez una edad inferior de inicio de su consumo así como una mayor frecuencia de uso), y en ocasiones a través de otro tipo de drogas como el cannabis o la cocaína.


Viendo todo este contexto, vemos que ser joven no es nada fácil, la crisis económica y sobre todo la crisis de valores hace que evolucionar y crecer se haga más complicado, máxime cuando basamos ese crecimiento en principios que no son sólidos.

Por supuesto no todo en nuestra sociedad es negativo. El hecho de tener información constantemente a mano hace que la juventud de hoy en día está perfectamente informada (al menos de aquellas cosas que le interesan).


Por otro lado el acceso a la cultura es mucho más fácil que en las generaciones que nos precedieron (sólo hace falta realizar una comparación con el número de personas con titulación universitaria en este momento y los que había hace cerca de diez años).


Los nuevos medios de comunicación, tal y como hemos visto anteriormente, hacen que las relaciones de los jóvenes se despersonalizan, pero también gracias a estos nuevos medios hemos llegado a ver movimientos como el iniciado en Madrid en Mayo de 2011 y secundado por múltiples países en la que miles de jóvenes y a través de las redes sociales se citaban para cambiar una sociedad y un sistema que no funciona y hacerlo de manera pacífica y desde el diálogo.


Todo esto hace que se nos conozca como la “Generación Y” o “Millenials” (así se conoce a nacidos entre las décadas de los 80′s, 90′s, hasta principios de la primera década del 2000), cuya característica principal (tal y como he mencionado anteriormente) es que se les caracteriza por su uso masivo de las redes sociales y su ‘familiarización’ innata con la comunicación, los medios y la tecnología digital.


Pero lo que sin duda marca la diferencia con la generación que nos precede es estamos más enfocados en sacar el mayor provecho al presente, en vivir de lo que nos apasiona y buscamos la felicidad en todo lo que hacemos. Tenemos confianza en nosotros mismos, estamos conectados con el mundo y abiertos al cambio, ya que sabemos que evolucionar es la clave para sobrevivir. Nos mueve la pasión.


La Generación Y destacamos por nuestra pluralidad, pragmatismo, falta de utopía y pensamiento no lineal.

Somos una generación caracterizada con un claro comportamiento multitatera, es decir, con capacidad (o necesidad) de hacer varias cosas a la vez. Determinados por la conectividad y pleno acceso a la información, lo que más les define es el gusto por las tareas colaborativas y todo aquello relacionado con el crowdsourcing.


Además de todo lo descrito anteriormente, los Millennials nos caracterizamos por:


- Ser Críticos y participativos: Los Millennials crecimos con Internet y la evolución de la web 2.0. Tenemos una gran capacidad crítica: no nos creemos las cosas fácilmente sino que investigamos y contrastamos la información para crear nuestra propia opinión. Preferimos las herramientas que fomentan el intercambio, tales como comunidades, foros o redes sociales, ya que consideramos importante dar a conocer nuestra opinión.


- La visión del carpe diem: sacamos provecho del presente, vivimos el momento y buscamos la felicidad en todo los que hacemos. La pasión rige la mayor parte de sus decisiones y somos personas abiertas al cambio con una gran capacidad de adaptación.


- Control sobre nuestro trabajo y nuestra vida personal: Cuando un millennial siente que su trabajo ya no supone un reto, lo deja para buscar otra oportunidad que le permita seguir desarrollando su talento. (Esto supone un reto para las empresas ya que si quieren fidelizar sus empleados más jóvenes, necesita generar un entorno dinámico, que favorezca el crecimiento personal y profesional).


- Pasión por la tecnología: Internet y la Generación Y casi nacieron al mismo tiempo. Para los Millennials, la tecnología es como la televisión para la generación de nuestros padres o la radio para la generación de nuestros abuelos. En este sentido, cabe destacar el papel de las redes sociales que constituyen un componente esencial para el desarrollo de su vida social.



Viviendo la Fe en la juventud


Hasta este punto hemos visto una definición de lo que hoy en día se considera juventud, y de los retos ante los que los jóvenes nos encontramos en nuestros días. Pero ¿cómo nos enfrentamos los jóvenes católicos a los retos que la sociedad nos impone?


Los jóvenes creyentes no están fuera de la sociedad, y afrontan los mismos retos y dificultades que cualquier joven en este momento, pero indudablemente por el hecho de vivir la fe y ser coherentes con ella, los retos son mayores aún.


Porque si vivimos en una sociedad en la que lo importante es tener, ¿cómo afrontar esa ideología cuando se mira alrededor y se ve tanta pobreza? ¿Cómo poder centrarse en tener el móvil último modelo cuando tienes hermanos que se están muriendo (literalmente, por desgracia) de hambre? ¿Cómo podemos cerrar los ojos ante la inmigración y el trato que reciben los inmigrantes en los países de acogida?. Sin duda el foco cambia, hay una visión más global, más abierta a los demás, más orientada a las necesidades de las personas que nos rodean, más social, al fin y al cabo más comunitaria.


Sin duda el hecho de participar en Comunidades de fe, como pueden ser las creadas en torno al Movimiento Juvenil Dominicano, los jóvenes nos encontramos con sorpresa e incomprensión, no se entiende la necesidad de reunirse en torno a Dios, para hablar de Dios y con Dios. No se entienden las ganas de profundizar en temas “tan pasados de moda” como son la Iglesia, la doctrina católica o simplemente la oración. Por lo tanto nos encontramos ante una fuerte incomprensión por parte de aquellos que no entienden nuestra necesidad de vivir activamente nuestra fe.


Por otro lado, intentamos formarnos, somos herederos de la búsqueda de la verdad, tal y como Santo Domingo nos enseñó, tenemos curiosidad, queremos descubrir cómo es el mundo que nos rodea. Por supuesto no nos conformamos con esa parcela de verdad, queremos salir a compartirla con nuestros hermanos, predicar y anunciar que no todo está perdido, que hay esperanzas de cambio y que en comunidad todo es más fácil.


Además de todos esto nos sentimos llamados a denunciar las injusticias, tal y como nos enseñó Jesús, y a poner el acento en la vida de los demás, (lo que rompe completamente la idea de la sociedad actual), y si no, ¿Con qué cara nos miran cuando decimos que no vamos a salir a tomar una cerveza porque hoy tenemos voluntariado o misión?


Sin duda ser coherente con nuestra fe, es ir a contracorriente, es ser crítico hasta el final con todo lo que nos rodea, es creer en los hermanos y romper con la idea absurda de competir con los demás. Es dejar de centrarse es uno mismo y en lo que se tiene. Es poner Dios y al hermano en el centro. Es buscar valor, ver más allá, es simple, y a la vez muy grande. Estamos llamados, desde nuestra juventud, a hacer presente el Reino.


Porque, no lo neguemos, la sociedad la hacemos todos nosotros, en parte lo que sucede es así porque estamos (o no, eso es parte de lo que tenemos que reflexionar) defendiendo nuestra visión del mundo.


¡Ánimo hermanos, tenemos los medios, tenemos las ganas, la ilusión y la fuerza para hacer de este mundo un lugar mejor!

Para finalizar, y de cara a guiar una posible reflexión tras lo comentado en este texto, me gustaría plantear las siguientes cuestiones:


  • ¿Cómo definirías lo que vives día a día con tus amigos, con tus familiares o con tu comunidad?¿Te sientes identificado en la definición de “Millennial”?

  • ¿Cómo vives tu juventud como joven comprometido?

  • ¿Encuentras dificultades en encajar las dos realidades que vivimos?

  • Si es así, ¿Cómo las superas?


Andrés Rodríguez

MJD Grupo El Olivar

España



Bibliografía:

- Claves de la Psicología Evolutiva: Infancia y Juventud. Gerd Mietzel

- Psicología del Desarrollo: El Ciclo Vital. John Santrock

- Millennials Rising: The Next Great Generation. Neil Howe, William Strauss



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